Desde hace cientos de años, el bingo es uno de los juegos favoritos de todos aquellos que desean pasar un buen momento con sus amigos, salir de la monotonía y, por qué no, ganar dinero. Además, es un juego muy sencillo por lo que cualquiera puede aprender rápidamente sus reglas y comenzar a divertirse.
Según los historiadores, el juego de bingo comenzó a jugarse en Italia, si bien en un principio era una especie de lotería conocida como Le Giuco de Lotto. Hasta el día de hoy, son miles los italianos que cada domingo continúan con la tradición de jugar bingo, aunque actualmente lo hacen en su versión moderna.
En el siglo XVII, la lotería fue perdiendo popularidad y dio paso al Bingo propiamente dicho. Para el siglo XVIII, el juego ya contaba con adeptos en toda Europa y en 1929 llegó a los Estados Unidos, lugar en el que adquiriría su nombre definitivo.
Al desembarcar en Estados Unidos, el juego se conoció como “Beano” y se jugó por primera vez en el carnaval cercano a la ciudad de Atlanta, en el estado de Georgia. Desde allí se extendió a las ferias de otros pueblos en donde se jugaba de la siguiente manera: una persona sacaba discos numerados de una caja y los jugadores marcaban esos números en sus cartones con habichuelas (beans en inglés) y gritaban “Beano” cuando ganaban.
Tiempo después, un vendedor de juguetes originario de Nueva York llamado Edwin S. Lowe, cambió el nombre del juego luego de oír a un jugador gritar “¡Bingo!” en lugar de “Beano”. Además, Lewis se dedicó a perfeccionar el juego creando nuevas combinaciones de cartones de bingo.
Aunque con el transcurso de los años el juego ha sufrido pequeñas modificaciones, lo cierto es que ahora, como hace cien años, jugar bingo sigue siendo sumamente entretenido.










